Juego de roles para debatir en las aulas de Arquitectura – Cátedra Bielsa @FAPyD

 

Estudiantes de 5º año de la carrera participaron de una ejercicio lúdico para pensar la planificación urbana.

En el salón de clases estaban todas las voces: el intendente, los concejales, desarrolladores inmobiliarios, vecinos y comerciantes. Hasta los integrantes de una organización ecologista, que munidos de bombos y banderas verdes sentaron su posición. Todos representados. Hubo debate, cruce de posturas, cambios de posición y hasta votación final por si se aprobaba o no la construcción de un barrio cerrado. Cada cual atendiendo su juego.

Así, y a lo largo de casi dos horas, estudiantes de quinto año de la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) se metieron en la piel de los personajes que les tocó interpretar en el ejercicio de juego de roles que desarrollaron con compromiso y entusiasmo para la materia intervención urbanística. Desde la cátedra celebran la respuesta de los jóvenes a la propuesta lúdica y destacan que este tipo de acercamiento desde la praxis “es fundamental en el método pedagógico”.

Divididos en grupos, los estudiantes se prepararon durante tres semanas para el juego de roles. Tuvieron que leer y estudiar mucho, porque a la hora de la puesta en escena debían argumentar con solidez su postura a favor o en contra del emprendimiento inmobiliario. A los efectos de darle una ubicación real el lugar elegido fue Funes, pero podría haber sido cualquier otro municipio. El eje de la cuestión: un terreno de 50 hectáreas que se debatía entre ser conservado como reserva natural o transformado en el barrio cerrado Estancia Ludueña.

Mientras los empresarios y concejales defendían el proyecto, los integrantes de una ONG ecologista se oponían con vehemencia. Tapizaron las paredes de folletos y carteles verdes. “Nuestro hogar no se negocia” y “Por una ciudad inclusiva” rezaban algunas de las banderas que llevaron los jóvenes. Desde una pantalla hasta Maradona “se sumaba” a la movida ecologista sosteniendo un cartelito que decía #fueraestancia. Una junta vecinal creada ad hoc pedía por su parte “que se tengan en cuenta las verdaderas problemáticas urbanas” y proponían “usar ese espacio para obras públicas que conecten la ciudad”.

A Mercedes Miñon Castelli (25 años) le tocó ser concejal opositora al proyecto. Dice que la actividad le pareció “muy productiva ya que te acerca a una realidad a la que quizás nos podemos enfrentar como arquitectos proyectistas el día de mañana. Y además es una forma de aprender que rompe con lo que se hace generalmente en la Facultad, porque tuvimos que estudiar, desarrollar el tema y prepararnos para una actividad muy dinámica”.

Gadiel Ulanovsky (23) estuvo en la vereda de enfrente. En el rol de edil oficialista tuvo que defender la iniciativa del barrio cerrado: “Me pareció interesante y hasta gracioso que mientras hablaba me insultaban y abucheaban. Está bueno ponerse en los zapatos del otro y ver cómo funcionan las cosas en la vida real”.

 

Aprendizaje horizontal

“Habíamos pautado 45 minutos, pero llevábamos casi dos horas y los alumnos seguían participando”, acota Andrés Pisani, jefe de trabajos prácticos que, al igual que el resto de los profesores, también participó del ejercicio. En su caso, interpretando al intendente. Los alumnos se prendieron tanto con el juego de roles que incluso cada grupo hizo “algo más de lo que se les pidió”, desde los ambientalistas que llevaron bombos y folletos, los vecinos que presentaron una nota al intendente o los concejales que elaboraron un proyecto de ordenanza.

Ricardo Kingsland, profesor adjunto de la cátedra, dice que si bien la dinámica elegida no es novedosa, se buscó trabajarla con perspectiva social, tratando de replicar una situación verosímil que se puede dar cuando en un municipio se presenta el proyecto de un emprendimiento “que requiere de negociación y debate en el marco de una asamblea pública”.

El ejercicio se trasformó así en una forma de pensar, de manera lúdica, distintos modelos de ciudad y planificación urbana trabajados en la cátedra. De ciudades difusas que se extienden de forma fragmentada y desarticulada a ciudades más consolidadas. Pero también para incorporar la lógica de una planificación participativa, donde todos los actores estén representados. Con miradas e intereses contrapuestos, pero que en definitiva sean el punto de partida de una salida colaborativa. El docente destaca con una sonrisa el caso de un alumno que durante casi toda la jornada defendió con firmeza la postura en contra del barrio cerrado y a la hora del voto cambió de parecer. “Estuvo interesante eso, porque esas cosas también pasan en la vida real. Y además porque argumentó las dos posiciones”, apunta Kingsland, docente de la cátedra cuyas titulares son las profesoras Isabel Martínez de San Vicente y María Eugenia Bielsa.

El resultado final de la votación es anecdótico. Casi un empate técnico. Lo central para Kingsland es que al poder replicar una situación lo más cercana posible a la realidad “se diluyan los límites entre lo teórico y la práctica, porque creemos que la praxis es fundamental en el método pedagógico”.

“Sostenemos —dice el profesor de Arquitectura— un concepto pedagógico más horizontal, donde el docente no tiene la verdad absoluta, sino que todos tienen la capacidad de construir conocimiento, colaborar y formar al otro. Eso es lo más interesante y el mayor logro de un ejercicio donde todos aprenden y enseñan”.

Matías Loja / La Capital

Cátedra Bielsa vía

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